Mi estreno en LA VANGUARDIA: Espejismos de Afganistán.

29 agosto, 2010 § 9 comentarios

Con este reportaje me estreno en LA VANGUARDIA. 

Ojalá no sea un espejismo. Estoy contento. Si tuviera un espacio en el que escribir así todos los días conseguiría pulir mi estilo. Y dejar de considerar esto como recurrentes ataques de excepcionalidad. Y como todo queda en casa, el enfoque, inspirado por Pepe Carvalho en “los mares del sur”. “Las víctimas son sólo consecuencias”. Ser víctima no significa, necesariamente, que se tenga la razón. 

Gracias por la confianza, Plàcid. 

 

Campo de desplazados de Helmand en pleno Kabul.

Cuando las víctimas tampoco son inocentes.

Reportaje fotográfico:  Ricardo García Vilanova.

http://www.ricardogarciavilanova.com/archives/category/general/afghan-refugees-in-kabul

 

 

Cualquiera que supere la rotonda de Chara-i-Qanbar en Kabul, deja a su derecha una inmensa aglomeración de casas de adobe presidida por una fábrica de ladrillos al aire libre en la que varios niños amasan y empacan barro, descalzos. Resulta imposible no percatarse de la anomalía. Unas 750 familias -entre 4000 y 5000 personas- habitan un lugar inmundo, conocido como “Campo de Helmand”.

 

Demasiado visible, se encuentra al borde del camino. ¿Son refugiados?. ¿Si es así porqué el Alto Comisionado de las Naciones Unidas no se hace cargo de ellos?.

 

Dos hombres invitan a entrar. Se celebra un funeral. Tras un rezo comienza el recuento de la historia.

 

“Me llamo Jan Mohammad, de la Provincia de Helmand, distrito de Sangin. Todas las personas que ves aquí son de las provincias de Helmand y Kandahar. Allí no se puede vivir. Han dejado sus casas, sus tierras, sus negocios”. -¿Debido a la guerra?, pregunto. “Sí, los que teníamos cosechas las vendimos para pagar el viaje hasta Kabul. La situación en Helmand es muy grave. Cuando un talibán dispara, o aunque no dispare, los americanos bombardean”. – ¿Quieren regresar? – “No. ¿Cómo vamos a regresar con esa situación?. No estamos locos”. ¿Cuanto tiempo llevan viviendo aquí?. – “Unos dos años y medio”.

 

Como es habitual en la cultura afgana, es prácticamente imposible recabar detalles. “La paz sólo puede venir a través de la unión entre todo el pueblo afgano. Si tú vas con los tuyos y yo con los míos no arreglaremos nada”. Cuando se le pide un poco más de concreción menciona abiertamente o por elipsis a los actores en conflicto “Nosotros tenemos fe en Dios. Karzai y los extranjeros no. Sólo Dios puede unir de nuevo a los afganos. El Islam es la única salida. Quienes no aceptan el Islam no buscan la paz para este país”.

 

Los niños se adelantan, espantando a las mujeres a gritos, para salvar el honor de la comunidad. Sus hogares, apenas montones de adobe con plástico como techo. Podría parecer que se han levantado tan solo para mantener a las mujeres escondidas en la oscuridad, al fondo de cada chamizo. Las moscas acompañan la visita. Mantas andrajosas apiladas como único mobiliario. Hacinamiento a la vista. Lo más parecido a vivir a la intemperie que puede imaginarse. Rodeados de ratas y mierda que flotan en los riachuelos que separan cada “casa”.

 

¿Alguien os ayuda?. – “No. Ni el gobierno afgano ni las Naciones Unidas ni las organizaciones internacionales. Algunos comerciantes y hombres de negocios de los alrededores nos dan algo de dinero de vez en cuando. Eso es todo”. ¿Las 750 familias desplazadas de Helmand y Kandahar que viven en pleno Kabul desde hace tres años no reciben ningún tipo de ayuda oficial?. Insisten: “No”.

 

Uno de los hombres saca una fotografía arrugada de su bolsillo. En ella puede verse a una niña ensangrentada y tendida en una cama. – “Han sido los americanos. ¿Quieres hablar con ella?”  -“¿Es posible? -“ Ahora la traemos”.

 

En menos de diez minutos un hombre se acerca con la niña agarrada por un brazo. El único que le queda. La niña llora. La han traído a la fuerza, no quiere hablar y la misma insistencia que los hombres emplean en mostrar la herida, es la que la niña invierte en taparse. Piden dinero para comprar medicinas. Pura escenificación.

 

La única salida digna, sobrevenida, para terminar con esta situación es darle el dinero a la niña, pedirle que se vaya y disculparse todas las veces que haga falta. Posteriormente el traductor explicaría que lo más probable es que la niña se haya ganado una paliza y los hombres se hayan quedado con el dinero. No cabe la menor duda.   

 

Al día siguiente, cita con los médicos que trabajan para la Organización Mundial de la Salud. Sin ánimo de reencuentro. Los autodenominados “líderes del campo” ven en nosotros a extranjeros proveedores. En su pobreza, un recurso. Nada más lejos de nuestra intención.

 

La clínica, apenas un trozo de tela sostenida por cuatro palos. Se corta la tensión con un cuchillo. Hablan un buen rato con el traductor. – “No son buena gente” nos explica preocupado – ¿quiénes? – “Los hombres del campo. Los médicos nos dicen que no deberíamos estar aquí, que esos hombres son peligrosos”. Empezamos bien.

 

Malaria. Fiebres tifoidales, diarreas. Desnutrición. Falta de saneamiento. Hablan sin moverse. Tiesos. En voz baja. Con miedo. El problema no radica en falta de recursos sino en ausencia de cultura. “Sus tradiciones les impiden seguir las reglas mínimas del saneamiento. No se lavan. No hay limpieza. Se limitan a pedir pastillas y jarabes y creen que así pueden curarse. Cuando se les han entregado potabilizadoras de agua las han vendido. Protestan ante el gobierno. Se quejan ante los vecinos y ante los periodistas. Es su manera de presionar. A nosotros nadie nos hace caso”.

 

“No olvides las vitaminas para el sexo”. Sorpresa. Cada hombre tiene dos o tres mujeres y no pueden cumplir con ellas. Vienen a pedirnos lo que ellos llaman “vitaminas para recuperar su fuerza” – ¿Viagra?. Los médicos sonríen por primera y última vez. No contestan. Mantienen su pudor. “Si no les damos lo que nos piden nos amenazan y nos pegan. ¿Queréis que llamemos un coche para que venga a buscaros y os saque de aquí?”. Todo esto por 150 dólares de sueldo. “Tenemos una consulta en nuestra casa por las tardes. Así llegamos a fin de mes”.

 

El lugar apropiado para recibir una versión que complete la historia de los desplazados de Helmand es la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados en Kabul. Flores y jardín. Café con leche. “Nunca os habría permitido ir allí si hubiese sabido que trabajabas sobre este tema cuando me llamaste por teléfono”. ¿Por qué? “En 2008 una periodista canadiense fue secuestrada en ese lugar. Es peligroso” [Melissa Jung, 35 años, un mes secuestrada y liberada tras un intercambio de prisioneros entre el gobierno afgano y sus secuestradores, delincuentes comunes]

 

“Los periodistas no vienen a preguntarnos a nosotros para completar la historia del campo de Helmand. Es un lugar de paso. Muy visible, aparentemente fácil y en malas condiciones. Una gran historia. ¿Para qué contrastar la información?”. No obstante “todo lo que voy a decirte es off the record y no puedes citarme”.

 

Surgen los matices. “Nosotros creemos que no vienen de dónde dicen. Probablemente sean nómadas. Hace años y guerras que abandonaron sus tierras, viajaron a Pakistán y esperaron allí. Cuando finalmente trataron de regresar al lugar de origen, estaba ocupado por otro clan o simplemente no existía. Se perdieron  y recalaron en Kabul. Por varios motivos, desde el acento -sabemos que hay bastantes baluches y kouchis entre ellos- hasta las fechas en las que señalan combates pasando por las contradicciones en los nombres de las aldeas, sabemos que la historia que cuentan no es cierta”.

 

La naturaleza del desplazamiento en Afganistán es compleja. Entre 4 y 5 millones de personas. ¿Son refugiados los habitantes del Campo de Helmand? Técnicamente no. Se niegan a regresar a su lugar de origen y es imposible verificar de dónde vienen, el motivo por el que huyeron o cuando lo hicieron. Además están adoptando una posición de fuerza. Quieren que el gobierno les ubique y les facilite derecho de propiedad sobre algún lugar en el que establecerse. En Kabul. Mientras tanto, nadie sabe de qué viven esas 5000 personas. Recuerda, tienen un secuestro a sus espaldas y todo tipo de rumores sobre su relación con la delincuencia organizada”.

 

“Cada periodista indignado por sus pésimas condiciones de vida cree que su deber es avergonzar al gobierno afgano y a las Naciones Unidas por no ocuparse de ellos. La historia es mucho más compleja.”

 

Lo único cierto en esta historia es que a una niña le falta un brazo. 

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§ 9 respuestas a Mi estreno en LA VANGUARDIA: Espejismos de Afganistán.

  • Compañeiro dice:

    Moi bó, compañeiro. Parabéns!. Coma sempre, a realidade, entre o branco e o negro, pinta innumerabeis matices de gris.

  • Zorionak como decimos en el Norte!!

    Suerte con La Vanguardia y q consigas ese espacio fijo entre sus páginas.

    Grande el reportaje y la distinción entre causalidad-casualidad y dónde colocar a las victimas.

  • Chloe dice:

    Hola Alberto. La red te pone en mi camino de vez en cuando y siempre para encontrar cosas que me gustan, así que hoy te felicito por el reportaje para la Vanguardia… bueno, y por el de Iraq fabuloso de Periodismohumano…
    Al margen de felicitaciones, me ha sorprendido EXTRAORDINARIAMENTE encontrarme justo debajo del post un google Ad. de eTeacher HEBREW. No sé si tienes constancia de ello, o si simplemente por andar enredando con Oriente Medio te lo cuelgan y ya…
    También es posible que yo esté susceptible, pero últimamente no hago más que encontrarme anuncios para que aprenda hebreo, que me interesa tanto como hacerme el hara kiri, o incluso algo menos.
    Bueno, perdona la parrafada.
    Un saludo!

  • Excelente reportaje, al menos desde un punto de vista periodístico-literario. Es una buena historia. Como tal, no puedo criticarlo más allá del estilo, cuestión meramente estética que supndría por mi parte, en caso de lanzarme a ello, un acto de pretenciosidad insufrible (para mí como mínimo, por contradictorio que suene).

    El problema viene del contexto en el que ha sido publicado. El problema es el medio. El problema es el fondo de la historia. El problema es, si se me permite concretar, la falta de contexto crítico, de denuncia, la absoluta inoperancia crítica del reportaje. Valga esto como un apunte que raya en la constatación, en la evidencia. no hay crítica en ello, al menos hacia el periodista, hacia Alberto Arce. La crítica es hacia el contexto en el que este reportaje ha visto la luz, un contexto en el que no se dicen las cosas claras.

    ¿Quién debe decir las cosas claras? ¿Cuáles son esas cosas claras? A la primera pregunta deberíamos responder fijando nuestra atención en los editorialistas o en los escribientes de las columnas de opinión y, por qué no, en los mismísismos corresponsales, porque este reportaje está comprometido con los seres humanos, con el periodismo de investigación si apuramos, pero no está comprometido con la denuncia geoestratégica o, de forma más pedrestre, con la denuncia política. Ahora bien, volviendo sobre mis propios pasos, no quiero exigir a un reportero lo que debería ser obligación de otros. El reportero, obviamente, no tiene porqué denunciar políticamente y, siguiendo los cánones al uso, no está bien que un reportero “se moje”. Discrepo, pero lo respeto. En cuanto a la segunda pregunta diría que con decenas de soldados españoles en una guerra tan impresentable como la de Irak, tan miserable, tan recalcitrantemente imperialista, entiendo que no hace falta que me explaye al respecto sobre esas “cosas claras”.

    El problema, en todo caso, refulge al final de artículo, cuando podemos leer:

    “Cada periodista indignado por sus pésimas condiciones de vida cree que su deber es avergonzar al gobierno afgano y a las Naciones Unidas por no ocuparse de ellos. La historia es mucho más compleja”

    Y es que da la sensación que la ONU o el gobierno de Karzai estén permanentemente en la picota, que se les acuse o señale con el dedo constantemente y la cruda realidad es que no se percibe tal cosa desde nuestras acomodadas butacas de occidente. La impresión general es que estamos ante una guerra humanitaria, con críticas a ciertos excesos, pero una guerra al fin y al cabo que la opinión pública considera aceptable e incluso necesaria. Si el papel de la ONU, del gobierno de Karzai y, no olvidemos, la caterva impresentable de ONGs que chupan del bote, de nuestros impuestos (especialmente de los estadounidenses), sin olvidar la realidad de campos de concentración como Bagram (que deja a Guantánamo como un confortable “resort” del Caribe) y los intereses geoestratégicos del imperio, si todo eso fuese puesto en la picota como parece sobreentenderse en esa frase que he copiado (al menos el papel de ciertas organizaciones), la opinión pública pediría que los líderes que mantienen la carne en el asador afgano (Obama y Zapatero por citar a los que mejor conocemos aquí) se sentasen inmediatamente en el banquillo de los acusados en la Haya, junto a sus predecesores, que como sabemos no les van a la zaga.

    Al final, lo único cierto en toda esta historia (no en la mía), es que los buenos reportajes que nos llegan de lugares como Afganistán, como éste, no sirven para que la opinión pública entienda la miseria moral que hay detrás de una guerra reprobable hasta el infinito.

    • Alberto Arce dice:

      yo pienso que todos sabemos lo que sucede en Afganistan desde el punto de vista macro. de hecho este texto sale publicado junto a la noticia de que dos bases de la OTAN fueron atacadas y los combates que le siguieron. es cierto que editorialista y opinadores tienen que hacer su trabajo. y no dudo que lo hacen. creo tambien que desde casa se ven los conflictos como batallas de estrategia, con grandes palabras, verdades inmutables y certezas que ademas de 1000 veces repetidas, por que estamos de acuerdo, no aportan nada a los que auieren saber como se vive alli, que piensa, dice y hace la gente alli, la de la calle, las victimas reales; insisto aunque ser victima no signifique necesariamente tener razon. insisto donde otros ven geoestrategia, yo trato de aportar caras y nombres de la vida diaria de una ciudad que el 99% de la gente no visitara jamas. este es solo el primero de una serie de 10 reportajes de texto, foto y video que se publicaran en un par de semanas….y gracias por la critica constructiva y el aporte!!!

      • No lo sabemos, Alberto, no lo sabemos. Yo, tú, no pocos más a buen seguro, pero todavía son tropel los que ven aquella guerra como una acción humanitaria o, como mínino, una acción justificada en la persecución del señor (ex-financiado por la CIA, no lo olvidemos) Bin Laden.

        Y cuando digo que algunos (nosotros) “sabemos” quiero decir que somos críticos con dicha gu… invasión u ocupación. Las cosas por su nombre. Si 10 millones de españoles se dirijen a los colegios electorales en 2008 y vuelven a escoger una papeleta encabezada por Zapatero es que no saben lo que es y significa el “asunto Afganistán” o que, aun sabiéndolo, consideran que hay cosas peores (la derrota de la “roja” en la competición de turno, por ejemplo) y, al fin, aceptan la ignominia asumiendo el detritus justificativo de sus líderes. De lo contrario, insisto, estaremos reconociendo que somos un país de bobos, seguramente embobados por periódicos como La Vanguardia (y el resto de la mafia mediática), por los menesteres hipotecarios de nuestra endeudadísima sociedad (causa capital de la parálisis que padecemos) o los rifi rafes de Belén Esteban en el prime time, pero embobados al fin y al cabo.

        Tu texto, como el 99.9% de los textos, noticias, breves, artículos, reportajes o vídeos y fotografías que llegan de Afganistán a través de la mafia mediática (¿hace falta ennumerar a sus miembros de honor, con El País a la cabeza) no van a hacer que ndie se cuestione el papel de su gobierno hasta el punto de exigir responsabilidades criminales, porque ese 99.9% sigue mostrándonos un conflicto duro, difícil, criticable, quién sabe si equivocado o mal llevado, hasta cierto punto excesivamente violento, pero en última instancia justificable, porque la lucha contra los talibanes justifica interminables daños colaterales. ¿Cuántos escritos, artículos, reportajes o trabajos periodísticos desde Afganistán nos dicen que los talibanes no son peores que Karzai y sus acólitos, entre los que se cuentan los famosos señores de la guerra. Estoy cansado de ver reportajes, artículos, películas o fotografías que nos muestran el desastre human, el último mutilado, el penúltimo desplazado, la enésima violada, etc… pero pasan las décadas y nadie (en Falsimedia) pone el dedo en la llaga y editorializa o se enfrenta sin complejos contra los responsables últimos de tanta ignomina, los señores y las señoras emperifollados que ocupan despachos ministeriales y presidenciales.

        No quiero que te tomes mis palabras como un ataque o repaso a tu trabajo, que me parece excelente, como ya he dicho. Reportajes como el tuyo y los que prometes en esa serie que has empezado son necesarios, casi diría que imprescindibles, pero que deberían ser tomados como apoyo o acompañamiento de lo que estoy pidiendo, no a ti, sino a los que en este caso te pagan por lo que has escrito. No disparo y escondo la mano:

        Para que dejemos de estar embobados, siguiendo con lo que decía antes, necesitamos que alguien en alguna redacción de este país se descargue los diarios de Afganistán “colgados” por wikileaks y se enfrasque en su análisis, que los exprima hasta que no quede títere con cabeza, hasta que Carmen Chacón y su jefe se vean obligados a presentar su dimisión si es preciso.

        Para que dejemos de estar embobados necesitamos que alguien se tome en serio trabajos demoledores como los del académico estadounidense Marc W. Herold, al que recuerdo el año pasado en una conferencia en Barcelona en la que éramos 4 gatos (sería por el extraño idioma que hablaba, o porque no recuerdo un solo medio masivo que hablase de dicha conferencia). Bastaría su libro (Afganistán como espacio vacío; Ed. Foca) para abir muchas mentes y ver de otro modo aquella invasión.

        Para que dejemos de estar embobados necesitamos que, en definitiva, los medios masivos dejen de hablarnos del horror de Afganistán de un modo tan “pulcro”, “imparcial” y “humano”, porque con tanta “humanidad” no se consigue nada más que convencer a la mayoría de la sociedad de que tanto dolor es culpa, en el fondo, de los talibanes. si no se comprende el contexto, si no se llama a las cosas por su nombre, no tenemos más que un periodismo buenista que no consigue nada. Esto, insisto, no es algo que deba echarse en cara de ningún currante como tú. Esto es algo que debe decírsele a los responsables de los medios masivos, los que siguen fielmente los dictados de Moncloa, la Casa Blanca o Downing Street. Si acaso, y aprovecho para preguntártelo, podríamos plantear directamente: ¿qué cara se le queda al trabajador cuyo esfuerzo y dedicación son controlados y aprovechados por una empresa que practica el terrorismo mediático? ¿O es que los que escriben para Falsimedia no soncnscientes de la enorme respnsabilidad de los medios que pagan sus estipendios? Duras pero ajustadas palabras, cuidado, porque hace falta un debate muy serio al respecto, un debate que debería concluir con la siguiente pregunta: ¿es posible el periodismo en condiciones capitalistas de producción?

        Espero no haberte abrumado con estas reflexiones a bote pronto. llevo muchos años analizando los medios masivos (El País principalmente, pero La Vanguardia también) y he documentado numerosísmos, incontables actos de terrorismo mediático, actos que claman al cielo. ¿Qué ganamos con un reportaje humano sobre Afganistán si el reprotaje que más falta hace no llega? Esas son mis preguntas. Reconozco que pienso en el medio para el que has publicado este escrito y no en el escrito como tal. Estamos en un momento muy delicado. Tras casi 10 años de gu… ocupación en Afganistán no son pocas las voces que dentro del establishment (ejército y políticos prosistémicos o aliados principalmente) se han dado cuenta de que es imposible controlar aquel país. Obama amplió el contngente de soldados recientemente, aumentando la cifra en casi 30.000 efectivos. Tras dejar en una situación apocalíptica a Irak, parece que es el momento de “marcharse” y la opinión pública muestra dudas (más como efecto de la crisis ante el enorme gasto militar que por convicciones sobre los violentadísimos derechos humanos), por lo que el brazo “armado” de dicho establishment, Falsiemdia, se ha puesto manos a la obra para convencernos de que la presencia en Afganistán es necesaria. Es así como han aumentado las noticias de tonalidad peyorativa sobre los talibanes, siendo la última portada de Time con aquella joven mutilada el caso más paradigmático. Alberto, no está en tu mano cambiar el estado de las cosas pero sí que puedes reflexionar al respecto. Lo macro importa más que nunca y nadie puede afirmar seriamente que sea tratado con un minimo de intensidad en los grandes medios, en Falsimedia.

      • Alberto Arce dice:

        cuando me desperte, mire el calendario, y no estaba en 1936. tuve que tirar el mauser y pensar como podia seguir. decidi que seguiria escribiendo y filmando, para traer la realidad a casa. podria disparar rafagas a ton ni son. serie suicida. o tratar de convertirme en francotirador, para acertar los disparos. pero la segunda via requiere de mucha paciencia y mucha practica hasta llegar al lugar desde el cual poder dar el tiro de gracia….

      • A ver si es verdad. No lo tienes fácil pero ánimo.

  • “…en una guerra tan impresentable como la de Afganistán, tan…”

    Es lo que quise escribir. Perdón por el lapsus.

    Saludos.

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