José Moratalla. La cordillera de la memoria. (Para Periodismo Humano)

15 septiembre, 2010 § 2 comentarios

En el funeral y entierro de Wilebaldo Solano, conocí a José Moratalla. Y me emocioné. Dos detalles “las huelgas se convocan para ganarlas” y el recuerdo del Frente de Aragón, Alcubierre, la División número 29 y los milicianos que allí se batieron. José tiene la memoria tan ágil como la sonrisa.

No había escrito nunca sobre algo que me emociona profundamente. Es, simplemente un honor, compartir un cachito de dignidad e historia con ellos. Y gracias a las fotos de Ona Bros, en PeriodismoHumano, podemos conocerles. Aún en color.  

 

LA CORDILLERA DE LA MEMORIA

“Wilebaldo, con todo el sentimiento y recuerdo de nuestra época en la Juventud Comunista Ibérica. De tu amigo, José Moratalla”.

José escribe en el libro de condolencias del tanatorio de Les Corts en Barcelona. Caligrafía cuidadosa pero llena de aristas. No levanta el bolígrafo del papel. Cada palabra es historia. Grande como una montaña. El hilo que forma su trazo tiembla y se eleva hasta convertirse en frase. Levantando la cordillera de la memoria.

Mientras tanto, Tania interpreta a la viola el último movimiento de la 5º Suite de Bach “una danza alegre pero que brinda reposo. Resolutiva y de despedida”.

El ataúd de Wilebaldo Solano entra en la sala. Cubierto por dos banderas. Una es roja.  Pertenece al POUM, el Partido Obrero de Unificación Marxista. La otra es tricolor, republicana. El público se pone en pie. En primera fila, su compañera María Teresa. A su derecha, los políticos. Detrás, discreto y escondido entre el centenar de asistentes, su camarada José también se pone en pie. Apoyado en su bastón.

 

José llegó a Barcelona desde Motilla del Palancar, provincia de Cuenca, en 1929. Tenía 11 años. Comenzó a trabajar en una imprenta. “En 1932, con 14 años, me uní al Bloque Obrero y Campesino. Después a la Juventud Comunista Ibérica, con 16. Todos los días, después del trabajo íbamos al local de la calle Escudellers y allí los intelectuales nos formaban. Wilebaldo tenía entonces 18 años. Así le conocí. Así me hice miembro del POUM”.

Wilebaldo llegó a Barcelona desde Burgos. Al igual que José y muchos de los hombres que defendieron Cataluña en 1936, Wilebaldo también era inmigrante. A pesar de su  juventud, apenas 20 años, desde comienzo de la guerra se convirtió en uno de los dirigentes más significados del POUM. Detenido y encarcelado por la policía, logró escapar a la ilegalización y las desapariciones, a la persecución y a la acusación de colaboración con el fascismo que los estalinistas que cayó sobre su partido en mayo de 1937.

José Moratalla también sobrevivió a la aniquilación del POUM en Barcelona. Tenía otra guerra que ganar. Combatía por aquel entonces en la División número 29. Frente de Aragón. Junto a un voluntario inglés llamado Eric Blair, más conocido como George Orwell. De Alcubierre a la defensa de Madrid. El 17 de enero de 1939 llega al frente de Cataluña. Voluntario, como siempre. Pero además, herido. Abandonó el Hospital Clinic para sumarse a una defensa que se sabía, ya por aquel entonces, imposible.

José y Wilebaldo eran revolucionarios. Milicianos a los que se acusaba de traidores mientras se batían en las trincheras. Milicianos acusados por estrategas políticos que conspiraban en los despachos. Los supervivientes de la destrucción del POUM se reconfortaron, al menos, durante los últimos años de su vida, con la película “Tierra y Libertad”. Pensaron que Paul Laverty y Ken Loach eran justos con su historia. A través del cine se vencía, finalmente, la batalla por la memoria de tantos compañeros injustamente asesinados.

José se exilió tras la guerra, al igual que Wilebaldo.

Atravesó, caminando, el paso de Le Perthus en la cordillera de los Pirineos el 8 de febrero de 1939. “Allí los gendarmes franceses nos desarmaron ante un cartel que decía: Con Franco o con Negrín”. Ríe, irónico. “Ni con Franco ni con Negrín”. Siempre radicalmente libres. Luego llegaron al campo de concentración de San Cyprien, el tifus y los batallones de trabajo en Bretaña. Pero esa es otra historia. Grande como la cordillera que cruzaron.

Grande como las palabras escritas ahora en el libro de condolencias de su compañero Wilebaldo. “De nuestra época en la Juventud Comunista Ibérica”

 

Pepe Gutiérrez es el vicepresidente de la Fundación Andreu Nin y recuerda perfectamente su primer encuentro en el exilio con “Wile”, como le llamaban sus camaradas.  “Caminaba por Paris en octubre de 1968 y me encontré ante la puerta de un pequeño local de no más de 30 metros cuadrados. Allí dentro, ante un pequeño grupo de excombatientes de la república, Wilebaldo gritaba, como si diera un mitin ante un estadio repleto: El camarada Fidel Castro se ha equivocado con nosotros”.

Pepe recuerda que era difícil coincidir con él, conseguir una cita. “Siempre había una reunión urgente, un comunicado que redactar, un análisis político que depurar. Nunca perdió la pasión con la había comenzado a militar”. 37 años de exilio. Como periodista en la Agencia France Press, Wilebaldo pudo ayudar desde París a muchos refugiados latinoamericanos que llegaban a Francia varias décadas después de que él conociera la experiencia del exilio.

A mediados de los 80, Wilebaldo era secretario general de un Partido que decidió autodisolverse. Francesc Matas, que milita actualmente en el POR (Partido Obrero Revolucionario) recuerda que por aquel entonces el POUM les alquilaba una habitación de su sede para reunirse.

Muchos de sus militantes ingresaron entonces en el Partit dels Socialistes de Catalunya. “Algunos, ya diputados” que cantaría Andrés Calamaro. Otros, como José Moratalla, militantes de base en el movimiento vecinal.

Termina el homenaje (los comunistas no organizan funerales) con la lectura de una carta de Wilebaldo. “Tenemos que reunirnos. La situación es gravísima, es de vital importancia que hagamos algo. La burguesía ha perdido los estribos, quiere destruir los avances sociales hasta en los países más desarrollados. Es hora de que lancemos una nueva revista”. Era julio de 2006. La militancia, una forma de vida. Todo un carácter.

Mientras el ataúd es sacado a hombros en dirección al coche fúnebre, sin perder las dos banderas, la del POUM y la de la república, los asistentes cantan la internacional. Con tantas lágrimas como fuerza.  Se la saben.

Tras el entierro, cuando todos se han ido, José aún se queda un rato frente al nicho número 33 del cementerio de Sarriá. “El POUM sobrevivió porque conseguimos formar un bloque de compañerismo y amistad. El POUM continúa vivo en muchos de nuestros hijos. En nuestros nietos. En la conmemoración del 75 aniversario del partido, que se celebrará el próximo 3 de octubre en Barcelona”.

José, a sus 92 años reflexiona ante la tumba de su secretario general. “Las cosas pueden repetirse si se dan las mismas circunstancias. Si no, no tiene sentido. Bujarín decía que el marxismo es una cuestión de sentido común, de diagnóstico. Se toma la temperatura y en función del resultado, se responde.  Por ejemplo, las huelgas. Las huelgas se convocan para ganarlas. Como ganamos nosotros la huelga del Sindicato de Artes Gráficas”.

A los viejos militantes del POUM la memoria no les falla ni para referirse al presente.


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